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domingo, 24 de octubre de 2010

DEMOLIENDO LA TEORÍA DEL BIG BANG (Parte 4 de 5)

¿SE CREÓ EL UNIVERSO DE LA NADA O EXISTIÓ DESDE SIEMPRE PARA QUE NOS ATORMENTASEN CON LA CREACIÓN?

Gamow, fue un físico y astrónomo ucraniano, excéntrico y autodenominado como bromista práctico. Exiliado en USA por el régimen de Stalin, trabajó en diversos temas como el núcleo atómico, la formación estelar, la núcleo-síntesis estelar, la núcleo-cosmo-génesis y el código genético. Todo ello para apoyar la sublime petardada de otro señor realmente pensador, ya que la teoría del big bang ni siquiera era suya, había sido enunciada previamente por otro Jorge, George Lemaître, un cura. Con eso creo que está todo dicho.

Alguien dijo de Gamow que “incluso cuando está equivocado es interesante”. Hoyle y Gamow se jugaron la reputación y la carrera en una guerra dialéctica que aún no ha terminado, ni creo que termine nunca, en la guerra de los creacionistas contra todos, contra la eternidad del universo de Hoyle, contra la evolución de Darwin y contra todo aquel que promulgue una teoría donde las atribuciones divinas puedan verse despejadas o aclaradas por la ciencia.

Gamow fue nombrado profesor en la Universidad George Washington. Trabajaba en un despacho diminuto, cuadrado y mal oxigenado donde se le ocurrió la feliz idea de que valía la pena estudiar el enigma del origen del hidrógeno, y sugirió que la mayor parte del mismo circulaba alrededor del sol antes de que éste se hubiese formado.

Tuvo por tanto que imaginar otro lugar donde se hubieran originado el hidrógeno y el helio.

Imaginó un lugar millones de veces más caliente que el sol, es decir, un lugar de billones de grados centígrados de temperatura, una temperatura en la cual la materia se encontrase como “desgarrada”, en un estado desconocido de energía, donde los núcleos del hidrógeno estuviesen moviéndose tan frenéticamente, y entrechocando tan violentamente como para crearse (como les gusta este verbo) helio a un ritmo prodigioso.

En aquel momento nadie se atrevía a decirle a este señor que en ese escenario hipotético el hidrógeno ya estaba “creado” en otra pare para protagonizar tanto choque, y que estaba introduciendo el enunciado en la propia definición.

Pero cuando todo un auditorio se encuentra enardecido por el desparpajo y la picaresca de un humorista y manipulador de masas innato, pobre del que levante el dedo para referir una observación semejante. Y si es el profe el chistosillo, te crucificaría en una broma.

Con tales premisas, ¿de dónde podría salir un evento de semejantes condiciones térmicas que no fuera el dedito de dios? Un flash y ya está la explicación todos nuestros males. He aquí el milagro especulativo del big bang.

Desde entonces los astrónomos han creído ver en la luz rojiza del universo más alejado a nosotros, en el límite de nuestras pupilas electrónicas, una expansión eterna del universo y un alejamiento continuo y paulatino de las galaxias entre sí.

Y aseguran de manera pomposa y rimbombante que el universo se está expandiendo constantemente y que, por tanto, tuvo de tener un origen. Nada de 3, ni 20, ni 30.500 orígenes, tan sólo uno y nada más, un origen único como único debe ser el dios, pues ellos lo conocen personalmente y por ello son sus intermediarios, un dios que otorgó patente de una empresa con ánimo de lucro y poder, y única.

Y como este ser ha de ser un ser perfecto no puede haber redundancias, ni nuevas versiones, ni retoques... Vamos, que con un único big bang tenemos para debatir hasta el siglo 56, y el universo no habrá cambiado ¡nada!. El universo no va a notar un planeta calvito ya, como marte.

Y le preguntaron por el espacio y el tiempo, el vacío, la combinación de la lotería primitiva y cualquier cosa, pues que a todo le daba respuesta esta especie de bálsamo para todo que es el big bang. Aún se están dando palmadas en la espalda por lo bien que nos funciona esta teoría.

El big bang, todo el universo en un punto infinitesimal (ahí sí que se sirven del concepto "infinito"), no es la causa cosmogónica por excelencia de la materia, el espacio y el tiempo. No es causa de nada. El universo no puede tener causas, pues de tenerla ¿qué sería el agente causante? ¿Y cual la causa de ese causante? ¿Y el causante de la causa de ese causante? ¿Que no ven un bucle sin salida?

Gamow se apalancó una bonita pizarra y se puso a garabatear ecuaciones para calcular la temperatura del punto en el cual se comprimiría todo el universo, y me imagino que calcularía ya de paso el número de bombillas que se podrían encender con su energía acumulada, por que lo de calcular potencias hay que reconocer que se le daba bien.

En 1945 esta teoría chirriaba tanto como ahora, pero de tanto escucharla por todas partes en bocas de tanto genio y de tanto erudito con pretensiones de aparentar cierto nivel de intelectualidad, tiene hoy más fans que el Barcelona FC y el Real Madrid juntos, o más bien, contándolos todos.

Y todo por una luz rojilla... ¿Quién dijo que el negro acaparaba todas las connotaciones peyorativas?

He de confesar que soy un empedernido de "The Big Bang Theory", ya me he visto dos veces las tres temporadas y el episodio piloto no emitido, y sigo disfrutando de este encantador grupo de actores y guionistas. En españa aún no se ha emitido la serie, pero si alguien quiere verse algún capítulo puede pinchar sobre la foto ¡Son un amor! (recomiendo que los descarguéis para no andar reiniciando el router cuando salte el límite de tiempo, pues cuando empiezas a verlos ya no puedes parar).

Los cálculos de Gamow arrojaban que todo el helio existente en una estrella como el sol no habría tenido tiempo de formarse a partir de hidrógeno previo en fusión (entre ambos el 98 por ciento de la materia observable del universo), por lo que se debería haber “creado” en los primeros instantes de la insensata explosión. Una de sus frases más célebres de este señor es la siguiente gansada: “nuestro universo se cocinó en menos tiempo de lo que se tarda en cocinar un plato de pato con patatas asadas”. Como diría Penny ¡Qué rico...!

En seguida se levantaron una oleada de misioneros enarbolando la bandera del creacionismo para ganarse el cielo. La guerra santa contra la ciencia conocía una nueva dimensión, la de la destrucción desde dentro, como originada por la radiactividad sobre los tejidos vivos, poco a poco pero implacable.

Fred Hoyle trató de hacerle frente con todo tipo de argumentos razonables y matemáticos, pero si en algo se caracteriza la fe es en que no hay peor ciego que el que no quiere ver, y reducir lo infinito a un punto, unidad de posición adimensional que equivale a la nada... y reducir la eternidad a un instante también infinitesimal, acaecido además hace tan sólo 14.000.000.000 años... es absurdo, se califican a sí mismos.

Gamow se defendía con un único argumento: que si Hoyle no tenía una respuesta para la creación del hidrógeno, no tenía derecho a inmiscuirse entre dios y su creación, le advirtió que sin ofrecer una alternativa demostrable, lo que quedaba demostrado era el Big Bang. Y como la prensa sensacionalista le hacía eco a todo comentario, por cocinillas que fuese, pues le iba muy bien económicamente y no estaría dispuesto a soltar la gallina de los huevos de oro por muy razonables argumentos que se le presentasen.

Gamow era un maestro del espectáculo y la humanidad estaba tremendamente impactada por las explosiones atómicas de 1945, y por tanto sumisamente interesada en cualquier noticia sobre física nuclear, con lo que las teorías de Gamow y cualquier comentario al respecto que se publicase tenía el éxito de ventas asegurado,. se podría decir que Gamow era sólo la cabeza visible de una enorme industria de la falacia, había nacido casi una nueva religión entre los pesebres de la ciencia.

Para los creacionistas esta discusión quedó zanjada definitivamente a partir de una pueril interpretación de un descubrimiento realizado gracias a un raro instrumento con forma de cuerno que, se había instalado en Nueva Jersey por los laboratorios del emporio tecnológico de Bell.

Era un radiotelescopio diseñado para escuchar el espacio, una oreja gigante dispuesta a escuchar las más sutiles melodías del universo embarcadas sobre ondas de radio. Su propósito inicial fue el análisis de telecomunicaciones vía satélite pero a mediados de los sesenta se convirtió en un as en la manga para decantar la discusión sobre el big bang del lado de sus defensores.

Dieron la noticia como si se tratara de un descubrimiento de incalculable relevancia, como la ansiada "prueba" del big bang.

Dos investigadores, Arno Penzias y Robert Wilson, se dedicaban a estudiar, con el gran radiotelescopio de Bell, el misterioso halo de hidrógeno que existe en torno a la Vía Láctea (como en torno a otras galaxias), pero no conseguían eliminar la nieve, el ruido de fondo que recogía la antena.

Lo intentaron todo, incluso limpiar concienzudamente lo que llamaron “material dieléctrico blanco”, es decir, caca de paloma. Y como no encontraron otra explicación para ese ruido, pues naturalmente debía de ser la prueba definitiva e irrefutable del big bang.

El material dieléctrico gris de estos señores vio la fama al alcance de la mano y excretó la máxima que debía zanjar toda discusión sobre el origen del hidrógeno, el helio y de todo el universo. Una enorme flatulencia del creador y el universo se hizo... Gamow quedaría como campeón del mundo de los pesos pesados de la física teórica, y ostenta todavía la corona ya que nadie ha visto todavía los lugares del cosmos donde el hidrógeno se materializa. Ni se pueden ver, pues son negros, muy negros, como el demonio.

Bien, si se oye ruido es porque el big bang debió existir. Creo que es la afirmación más esclarecedora que he escuchado en toda mi vida. Si llueve es porque las ranas tienen pelo.

Pero no contentos con eso, fueron tan generosos como para brindarnos detalles de tan feliz estallido como que “al poco de producirse, unos 300.000 años después, el universo se expandió y se enfrió lo suficiente como para que se crearan los elementos más ligeros y dejando un universo inundado de luz”. Supongo que esta parte de la creación fue obra de "lucifer".

Gamow había pronosticado que los rescoldos de la creación estarían presentes hoy en día en forma de una débil radiación de microondas, y el ruidillo de la trompetilla de Bell ¡lo había probado!. Ya quiero llorar.

Me quedé perplejo cuando me lo explicaron. Las mentes más exuberantes del planeta, capaces de encontrar infinidad de dimensiones a través de kilómetros de ecuaciones y pizarras desgastadas, aplauden hoy que la detección de esta radiación de fondo cósmica que realizaron Penzias y Wilson. Demostraba que la teoría del Big Bang de Gamow era la correcta y que él tenía razón en su teoría de cómo el hidrógeno y el helio se formaron en el universo primigenio.

¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? Yo también tengo respuestas: somos esclavos de las tendencias y las modas más abstrusas. Venimos de unos oscuros tiempos donde la razón se ha relegado siempre a los más oscuros caprichos de la fe, y aplastada por fenómenos de masas regulares y bien planificados. Y vamos a estrellarnos permanentemente y sin que nadie lo remedie con una escolástica obsoleta y permanentemente hipotecada a las instituciones convencionales del poder, con lo que raramente se puede obtener una titulación académica siendo completamente sincero y fiel a los principios generales de la ilustración.

Para los creacionistas que han abierto alguna ventana de la ciencia lo suficientemente grande como para ostentar algún tipo de reconocimiento académico o puesto en la función pública, los avances de la física en el último siglo han sido un “milagro” cosmogónico. Ya se puede reescribir el génesis resumiendo los siete días de la creación en un instante infinitesimal, y explicar la existencia del hidrógeno y el helio como un efecto de los diez primeros minutos del universo.

Metidos en harina ya que no quede.

En los siguientes 300.000 años la expansión de estos gases produce una emisión de luz cuyos restos fueron detectados por Penzias y Wilson con un tanto disimulo, como de casualidad. Y en el tiempo posterior hasta hoy, 14.000.000.000 de años después, estos gases se amontonaron y aplastaron hasta fusionarse para dar lugar al resto de los elementos.

Esta teoría ha hecho dogma entre los científicos. Mezcla verdades absolutas con absolutas tomaduras de pelo, como casi cualquier otra religión, y es propensa a engrandecerse de loor y vanidad hasta el punto de desechar todo lo demás, como cualquier religión.

Mas este bárbaro que no entiende el lenguaje de Roma clavará su hacha en el robusto pilar fundamental de la Negación, que se nutre desde siempre sombrío e inflexible, del suelo de la ignorancia y la miseria, y del cual surgió tras la 2ªGM un nuevo brote de intolerancia en forma de física teórica disfrazada de inofensiva hipótesis que pretende explicar la presencia del hidrógeno en el universo.

La teoría del big bang se considera hoy un hecho probado, pero estoy aquí plantado con mi onda bien cargada, más de razones que de ecuaciones matemáticas y de piedras, contra este Goliat de la física que se nos ha plantado delante para obstaculizarnos la visibilidad y el progreso de la humanidad.





miércoles, 20 de octubre de 2010

DEMOLIENDO LA TEORÍA DEL BIG BANG (Parte 3 de 5)

LA RESACA NUCLEAR

La bomba cambio el paradigma de la guerra y de las relaciones internacionales, salvo en España , claro está, y otros países latinoamericanos, donde seguía plenamente vigente el de los reyes católicos.

Robert Oppenheimer resumió su sombrío estado de ánimo con estas palabras: “Los físicos han conocido el pecado y éste es un conocimiento que no pueden perder”.

Este supuesto conocimiento pecaminoso sería algo de suma trascendencia para el estancamiento científico (han oído bien, dije "estancamiento"), algo que para aquellos agoreros que hablaban siempre de auto-destrucción instantánea de esto y de lo otro, y de lo de más allá, calificaron al paradigma nuclear de "la gran revelación" de la historia completa de los 14 mil millones de años que dicen que tiene todo el universo, es decir, la teoría del big bang.

Es decir, si el radio de Marie Curie era el perfecto exfoliante natural, ahora todo el universo viene de un petardo como el de Hiroshima, pero a lo bestia. Lo más curioso es que el universo tenga esa edad, ni un mil millón más, ni un mil millón menos, justo 14 ¿no mola?



QUE LA TEORÍA VIVA UN POCO MÁS, VEAMOS ALGUNOS DATOS

Entre 1939 y 1945 se invirtieron en USA más de dos mil millones de dólares (de entonces), es decir, hubieran pagado el sistema de seguridad social que tanto miedo les da, para 20 años. Y entre las averiguaciones más destacadas que se obtuvieron con ese dinero, además de la de que se podía volar el planeta en un periquete, fueron la demostración, según aquellos, de la futurista teoría del big bang. Fíjense qué pedazo de burrada, dije bien, "la demostración del big bang costo 2.000.000.000 dólares de los años 40", pero lo único que demostraron fue su poder de destrucción y su falta total de escrúpulos por el ser humano y el planeta. Y es que eso de las explosiones cómo les tira a los gringos republicanos.

Los científicos midieron la estabilidad de los núcleos atómicos de todos los elementos de la tabla, es decir, la facilidad o dificultar de cada tipo de núcleo para romperse o para fusionarse, o dicho de otro modo para que se entienda mejor, midieron la diferencia de potencial o vectorial entre la fuerza nuclear fuerte que tiende a unir las partículas de cada tipo de núcleo, y la fuerza electromagnética que sus partículas nucleares experimentan por tener la misma carga. la cual siempre en menor, pues de lo contrarió los núcleos ya se habría separado.

Por si no nos hemos aclarado todavía se didicaron a estudiar qué tipo de átomos pegaban mayor hostia, pero nos dejaron otras informaciones que también sirven para la ciencia constructiva, y también para estimular ciertas filosofías cosmogónicas menos grandilocuentes pero más profundas y trascendentales. Si la diferencia entre atracción-repulsión nuclear es muy grande tenemos núcleos muy estables, y si es pequeña tendremos núcleos propensos a romperse. entre estos últimos los llamados radioactivos son los que se rompen más o menos espontáneamente.

Así, se llenaron miles de gráficas y se observó que el elemento más estable de todos es curiosamente el hierro. Sus 26 protones y sus 30 protones (peso atómico 56) encajan de tal manera que conforman la estructura más compacta de toda la materia conocida en el universo. Además es el elemento que presenta mayor efecto al magnetismo.

Ahora sabemos porqué unos elementos son más fáciles de fusionar y otros son más fáciles de romper, y es que todos quieren ser como el hierro. Y me explico:

Los átomos ligeros tienden a unirse para alcanzar un peso atómico aproximado al del hierro, es decir, que en las condiciones adecuadas de presión y temperatura, tienden a fusionarse.

Por el contrario, los átomos más pesados que el hierro, en sus respectivas condiciones de presión y temperatura, tienden a romper sus núcleos en pedazos que resulten próximos al tamaño de los núcleos del hierro.

Y esto ha de ocurrir en sistemas de presión y temperatura similares al interior del planeta, es decir, cósmicamente muy livianos.

En sistemas más densos, como el interior del sol han de formarse núcleos mayores, y la tendencia, en el centro de una estrella como el sol, a de ser, en mi humilde opinión de físico aficionado, la de parecerse a los núcleos del cobalto(27), el níquel(28), el cobre(29) o zinc(30), aunque esto, repito, según mi criterio.

La opinión más popular de la composición del sol es la que aparece en el gráfico de la derecha.

De una u otra forma en lo que casi todos parecen estar de acuerdo es en que el peso atómico de los materiales en los astros es creciente en función de la profundidad.

Así también irían variando los elementos que se encuentran en la parte más interna de los astros, en función del tamaño de éstos, llegando a formarse los átomos más pesados de la tabla periódica en las grandes estrellas gigantes rojas, las cuales son bastante más frecuentes en el universo de lo que se estimaba en un principio, sobre todo en las regiones interiores de las galaxias.

Los elementos más pesados de todos los conocidos junto con todos los demás, son liberados después y puestos en circulación por todo el universo cuando estas estrellas alcanzan la condición de supernovas, inmensas explosiones que duran millones de años y que son los auténticos big bangs que existen en el universo, y que también se sabe ya que se producen en infinidad de puntos del universo.

Por lo que lo del Big Bang único y el creador único, están más que descoloridos a la luz de la razón, están pasados de moda.

Que S. Hawking se mantenga aferrado, o más bien aterido, con perdón, a la vieja teoría, ha de ser, supongo yo, para no perder su estatus de máxima eminencia de la astrofísica.

En todo lo demás OK Mr. Stephen.

Esa sería la parte acertada de la teoría del big bang, es decir, múltiples explosiones estelares que se han dado siempre y siempre se darán, pero no una única explosión super-mega-giga-tera-peda-chachi de la que todo emana.

Eso es retroceder a un dios único y central ajeno al animismo libre y el ordenado caos del universo, un dios patriarcal, redundante, pedante y asexuado, o más bien onanista. Comprendemos la fisión y la fusión ¿y con eso ya se pretende poner edad al universo... ? cosmogonía chapuzas.

Pero repasemos algún dato más antes de pasar a la espada. Ya nos vamos acercando a lo que suponen estos “enanos blancos” que deben ser las tan traídas pruebas del big bang.

Nota: Lo de enanos blancos no va por nada que tenga que ver con el color de la piel, ni la estatura, de hecho yo soy bastante pálido y bajito, sino porque, si se me permite el símil, son tan densos y tan antiguos algunos académicos, que emiten una débil luz blanquecina, casi imperceptible, como la de los encantadores astros que reciben ese nombre.

A la izquierda podemos ver la gráfica resultante de la estabilidad nuclear de todos los tipos de átomos naturales, y trazamos una diagonal desde el punto que denota el elemento más ligero en el punto de su estabilidad nuclear, hasta el otro extremo de la gráfica donde se encuentra el elemento más pesado y su nivel de estabilidad, observamos un tipo de distribución que se conoce en probabilidad como “distribución normal”, cuya forma gráfica es una especie de campana denominada "campana de Gauss". En todas las distribuciones normales encontramos en su parte central el valor medio, y en nuestro gráfico este valor corresponde al del hierro. Además se puede ver que en valor absoluto (en altura) es el elemento de mayor estabilidad.

En el primer extremo vemos unos niveles de estabilidad muy bajos correspondiéndose a los átomos de hidrógeno, litio... y de helio. A estos elementos les gustaría agruparse para constituir otros elementos que se pareciesen más al hierro, digamos que les gusta fusionarse, y a poco tamaño que tenga un astro se encienden y comienzan a lucir y a emitir calor como muestra de alegría por su fusión.

Al otro lado de la gráfica encontramos otros elementos tremendamente inestables, como el uranio, el polonio, el radio... Son los elementos cuyos átomos son los más pesados y a los que les cuesta ser tan grandes, tienden a fisurarse y a romperse en función de su concentración, también para parecerse más al hierro.

A esas fisuras espontáneas se debe que emitan lo que se conoce como radioactividad natural. A una presión tan baja como la que tenemos en la superficie de la tierra estos elementos pesados se desintegran por si mismos, pues provienen del interior de las estrellas más pesadas, aquellas que ocupan el centro de las galaxias y que ni siquiera se pueden ver, pues incluso la luz queda atrapada por las inimaginables gravedades que allí de dan. Son los llamados agujeros negros o pequeños big crunchs que se hallan repartidos por la infinidad del universo.

Al menos del big crunch no se atreven a decir que es un hecho probado, aunque hablan alegremente como esos niños de tres años que les preguntan en la tele cosas más o menos complicadas para un niño, y que responden lo primero que les viene a la cabeza aunque no tengan ni pajolera idea. Eso de reconocer la propia ignorancia y responder “no lo sé” a algo, no va con la constitución ni el arquetipo de la mente humana. De hecho, por eso yo hago voto de silencio y resulto tan simpático a tanta gente (vuelvo a ser irónico).

Hay otro gráfico muy interesante. En base al tipo de luz que nos llega del universo se ha realizado una estimación de la composición del universo y se ha representado un gráfico que muestra la abundancia relativa de cada tipo de átomo en el universo. Evidentemente, con la tecnología tan asombrosa que poseemos, que centuplica anualmente el presupuesto empleado en investigación durante la segunda guerra mundial, lo que hemos conseguimos es una curva como dibujada en el suelo por un beodo con los ojos vendados y su mano siniestra, pero nos sirve. Y mucho.

Podríamos suavizar la curva, trazar la misma diagonal de extremo a extremo, y comparala con la gráfica anterior. Observaremos entonces que, asombrosamente, ambas gráficas coinciden, lo cual significa para mí (aunque tardaría en explicarlo), una prueba inequívoca de que el universo no tiene edad.

Para que os hagáis una idea, si la campana de Gauss de la segunda gráfica estuviera inclinada hacia los elementos ligeros y abundantes, indicaría que tenemos un universo joven, y si lo estuviera hacia los elementos más pesados y raros, tendríamos un universo senil y envejecido.

Sin embargo, coinciden ¿Qué tenemos? ¿Un universo madurito? ¿En edad reproductiva, tal vez? ¿Nos están vacilando los intérpretes de la luz de las estrellas? Tenemos un universo estacionario amigos, un universo eterno. Al menos es lo que dicen las gráficas.

¿No querían un ser eterno? ¿omnipresente? ¿inmutable? Pues llámenle Universo y se acabaron las gaitas, dejen de buscar creadores y de seguir crucificando por motivo de la creación, os presento a Dios: el Universo, amigo/a lector/a navegante, el Universo. Ya pueden reconciliarse.

Juventud y vejez son conceptos aplicables a lo finito, a lo temporal, y el universo no lo es. El espacio es un misterio que está presente en todo lo que consideramos material e inmaterial, incluso en lo más diminuto.

Si la MATERIA es el contenido del universo, el espacio es el contenedor, el espacio netamente vacío. Y sin embargo, no es posible aislar una porción de vacío, ni encontrar un objeto tan denso que en su interior no lo contenga.

El TIEMPO es algo más abstracto aún que las propias dimensiones de la materia. El tiempo sólo reside en el observador y es proporcional al tamaño de éste.

Para un observador que habitase la superficie soleada de un electrón en un átomo de oxígeno pasarían muchos millones de años durante un segundo nuestro, y podría ver su luna como un fotón atrapado por las condiciones de su órbita.

Con respecto al macrocosmos ocurre lo mismo, pasarían muchos millones de nuestros años para poder apreciar a escala nuestra una leve traslación de una galaxia, la cual sólo es una gota de agua en el océano infinito del cosmos.

No se puede llegar a la estrella más próxima y se pretende describir las fronteras del universo ¡Qué desfachatez!

Como veremos más adelante, la interpretación de las ondas que nos llegan del universo es, algo desgraciado por tratarse de los cálculos de las mentes más privilegiadas de nuestra generación, que han destilado una interpretación diferente a la que sugiere la lógica más elemental, una interpretación que a mi juicio está pasada moda, una interpretación que apunta al Big Bang como causa primordial del universo cuando ni las moscas necesitan una causa primordial.

Y se pretende que la débil luz infrarroja procedente de los confines de lo observable, sea prueba definitiva e irrefutable de que el universo sólo existe desde desde hace 14.000.000.000 de años, el parpadeo de una galaxia.

Los primeros científicos que descubrieron la maravillosa coincidencia de las gráficas de la estabilidad y de la abundancia elemental, quedaron atónitos. Una gráfica basada en el diminuto núcleo atómico y otra en la inmensidad del universo, tienen el mismo punto central, la misma clave de bóveda, en el hierro. Es fascinante, claro está, pero cada cual arrimaría el ascua a su sardina.

Una clave cósmica que en vez de servir para desbloquear los grandes misterios del universo, se ha utilizado para poner cotas a lo inconmensurable, para darle un formato finito a lo que no cabe en ninguna parte, pues aunque nuestra mente no pueda entenderlo, toda parte cabe en el todo pero nunca a la inversa, y aunque las galaxias se expandieran estarían ocupando a cada instante un espacio que ya existía previamente, entonces ¿qué pasa? ¿el espacio no forma parte del universo? ¿y desde cuándo existe el espacio?

El universo lo es todo y lo que de él observamos es sólo una ínfima parte. La mayor parte de la materia que hay en el universo no se ve, es MATERIA OSCURA. Esta premisa también la han obviado los acreedores de la teoría del big bang.

¿Hay alguna conducta más aberrante que la de negar la existencia de algo por que no sea observable? Los creacionistas, y los creyentes en general, casi por definición, apilan interminables colas de afirmaciones cuya única validez es la propia afirmación de sí misma, porque así se hizo siempre, porque así se dijo, porque así está escrito, es todo su razonamiento, y las complicadas ecuaciones de los físicos que determinan que el universo se expande se han convertido en un dogma que se afirma por inercia, sin conocer sus bases ni sus consecuencias filosóficas. Si lo dice Hawking...

Sin embargo, estos mismos creyentes de lo inobservable, paradójicamente y en un gran alarde de pragmatismo y de aparente rigurosidad científica, a la hora de defender su fe en el Big Bang afirman que más allá del universo observable no hay nada, o que si lo hay, ha de alejarse a una velocidad superior a la velocidad de la luz por lo que sería imposible observarlo.

Voy a intentar explicar la manera en que, a mi modo de entender, se debería interpretar esa débil luz que nos llega de los confines de lo observable, que no lo es todo, pues yo tengo gripe y no he visto nunca un virus. Pero eso será más adelante, cuando hayamos repasado las bases de la física que nos llevan a pensar en el error del Big Bang.

De momento nos quedaremos con el dato de que la abundancia de los diversos elementos en el universo es directamente proporcional a la estabilidad de sus núcleos, y que en ambos muestreos el hierro alcanza el punto álgido.


DESCIFRANDO LA LEY ESTABILIDAD-ABUNDANCIA: FRED HOYLE

Los egipcios, los sumerios, los fenicios, los olmecas, los mayas. los dogones y los yopis (al menos) conocían datos astronómicos que hoy estamos logrando verificar gracias a los avances de la tecnología, como por ejemplo, los ciclos de precesión de los equinoccios o eónes, que comprenden de unos 26.000 años y que en sus puntos de máxima elongación nos hacen pasar por glaciaciones.

Cómo conocieron estos datos sigue siendo un misterio, un misterio apasionante, pero nos dejaron un mensaje que especifica precisamente el paralelismo de las gráficas antes mencionadas de la estabilidad nuclear y de la abundancia en el universo: “lo que es arriba es abajo”.

Nadie se hubiera imaginado que mirando arriba por un telescopio y hacia abajo por un microscopio, llegáramos algún día a observar lo mismo, de no ser por un matemático avezado y perfeccionista, rebelde de la astrofísica e inconformista natural, y natural de un pueblito de Yorkshire, Inglaterra desde el que se debían ver muy claramente las estrellas en las noches de verano, Bingley.

Fred Hoyle era de los que nunca callaba sus opiniones por polémicas que fueran, algo que le granjeó numerosas enemistades sobre todo con sus colegas científicos, entre los cuales se le fue marginando toda su vida hasta que ya casi anciano fuera premiado con numerosos y prestigiosos galardones científicos, y nombrado Caballero del Imperio Británico por su contribución a la ciencia en forma de dos revolucionarias teorías: la teoría del “Universo Estacionario” y la teoría de la “Panespermia”.

Sir Fred Hoyle exploró más que nadie la extraña superposición entre la gráfica del átomo y la gráfica del cosmos. Y en seguida se dio cuenta de que el universo es eternamente mutable, está en constante evolución, fluye en un intercambio perpetuo entre el orden y el desorden. Los átomos se encuentran ganando y perdiendo protones en un intento de parecerse al hierro, tanto en la superficie como dentro de las estrellas que nacen, crecen, y que mueren en enormes estallidos y enormes colapsos.

Hoyle sabía de la fusión nuclear y le interesaron los detalles, en concreto los de la creación de los átomos más pesados, y concluyó que sería necesario para este tipo de fusiones, presiones y temperaturas inimaginablemente altas, sólo posibles en las estrellas.

La empresa no fue fácil, y lo peor de todo debió ser explicarlo en medio del enrarecido ambiente de la cosmogonía cristiana dominante en la posguerra mundial europea de su juventud. Al menos, aunque tarde, fue reconocido debidamente y recompensado por las instituciones británicas.

En comparación con España, donde los científicos que habían sobrevivido a la guerra civil y a la posguerra se hallaban exiliados por todo el mundo, todo un ejemplo con el que quitarme el sombrero por la manera en que la UK conmemora a sus súbditos, aunque sean un tanto herejes.

En los 40 Hoyle demostraba mediante inducción matemática y retórica que el sol era lo suficientemente grande como para albergar condiciones de presión y temperatura adecuadas para la fusión del hidrógeno(1) en helio(2) y en otros elementos más pesados como el boro(5), el carbono(6), el nitrógeno(7), el oxígeno(8)... Sus cálculos llegaron a demostrar que en el interior de otras estrellas mucho mayores, y por tanto, mucho más densas y calientes, se podían crear por fusión elementos más pesados como el hierro(26), el cobre(29)... quizás la plata(49)...

A este tipo de estrellas las denominó gigantes rojas por el color especial que emitían, y se localizaron cientos de ellas por todo el universo. Se trata de estrellas que han alcanzado el final de su vida multi-mil-millonaria y que se acercan a los máximos valores de presión y temperatura que la materia puede soportar sin colapsarse. Sin embargo, los complicados cálculos matemáticos no alcanzaban a explicar los átomos más pesados de todos que hay en la naturaleza como el oro(79), o los radioactivos polonio(84) y uranio(92).

Para generar los elementos más pesado de la tabla periódica se sobrepasaban los valores límite de desmoronamiento de la materia, los umbrales de colapso, y se buscó en el universo algún punto donde se pudieran dar las condiciones de presión y temperatura capaces de tal evento.

Hoyle lo encontró gracias al telescopio del observatorio Monte Wilson de Los Ángeles, California, USA, que en el momento de su construcción en 1917 era el mayor de todos los existentes. Hoyle conoció la fusión de los átomos más pesados del universo, y fusionó sus ideas con las ideas de Walter Baade acerca de las llamadas supernovas.

Cuando una estrella supera las dimensiones (tamaño) críticas de estabilidad de la materia se dan una de dos alternativas, la explosión en forma de supernova o el colapso en forma de agujero negro. Desconocemos los motivos por los que prevalece uno u otro en cada caso, tan sólo sabemos que se produce el estallido de la estrella o su implosión sobre sí misma.

La primera alternativa es la que pone en circulación el material de la estrella en todas las direcciones del universo, un material de alto peso atómico del que posteriormente se adhiere o forma cometas, planetas y otras estrellas, en infinitas variedades y combinaciones de tamaños.

Se puede afirmar que somos física y literalmente “excrementos” de alguna supernova.

Como cabría esperar, estas detonaciones son de una increíble intensidad, son los auténticos y únicos Big Bang que se dan en el universo. Se están produciendo en este mismo momento y se han producido siempre. Lo demás es teología.

La segunda alternativa, la de los agujeros negros, es uno de los fenómenos astronómicos más enigmáticos y espectaculares que se dan en el universo, y eso que no podemos verlos. Intuimos que han de producirse en la parte central de las galaxias con forma de espiral como la nuestra, la Vía Láctea, por lo que tenemos uno ahí al lado, a tiro de piedra, tan sólo 8 kiloparsecs, unidad de medida astronómica que se ha puesto de moda últimamente (unos 25.000 años luz).

Entre Baade, Hoyle y William Fowler estimaron a las supernovas o explosiones estelares como los puntos más calientes del universo donde sería posible matemáticamente que se hayan formado los núcleos más pesados que existen en la naturaleza.

Este descubrimiento fue un gran salto para la humanidad, mucho mayor que el que dio Neils Amstrong al pisar la luna. Sin embargo, las ecuaciones de Hoyle no permitieron describir el origen del elemento más abundante que existe en el universo, el hidrógeno. Y los demagogos de siempre no dejaron pasar la oportunidad de colocar al demiurgo detrás de esta incógnita.

Pocos años después de los experimentos de Hiroshima y Nagasaki los científicos estimaron que la cuarte parte del sol era helio, y creyeron que para ello sería necesaria una temperatura solar de miles de millones de grados, sin embargo hoy se estima que tan sólo posee 15 millones de grados, y para colmo se estima que el calor que se desprende de la combustión celular de un ser humano es mayor que el de la fusión que se produce en un volumen equivalente de masa solar coronaria, es decir, que yo genero más calor que un pedazo de sol de mi tamaño. Y mi mujer ni se inmuta.

Por lo tanto, el sol no ha podido producir todo ese helio que contiene, ha tenido que llegar de alguna parte. Y peor aún, aunque lo hubiese creado el sol a partir de hidrógeno ¿de dónde salió éste?

Si todos los átomos del universo se habían formado a partir de hidrógeno, ya ni se preguntaban de dónde salió éste, directa y abiertamente preguntaban ¿quién lo creo?

En la década de los cuarenta y los cincuenta se regocijaban enormemente los creacionistas, la ciencia se acercaba cada vez más a dios. Esperaban de un momento a otro que se produjese la gran "revelación" en forma de noticia: “la existencia de dios demostrada”.

El nuevo patíbulo de la razón se llamaba teoría del big bang y la cordura científica pareció estrellarse contra la luz rojiza de los confines del universo observable, pronto conoceremos al elemento que urdió semejante jaque mate-matemático al empirismo, un elemento que no es de la tabla periódica y que fue el héroe de la guerra científica que se desencadenó con la posguerra mundial.

Podría decirse que la segunda guerra mundial continuó en los laboratorios de física nuclear de todo el mundo y que aún continua.

Fue encarnizada e insidiosa como todo lo que toca la fe, y el elemento que tejió la trampa, el barón rojo del creacionismo, el Torquemada de un millón de tesis que ya nunca llegaremos a conocer, se llamaba George Gamow.

El elemento en cuestión comenzaba sus discursos de feria aparentando neutralidad con la siguiente pregunta:

¿se creó el universo en un sólo instante o ha existido desde siempre?


sábado, 16 de octubre de 2010

DEMOLIENDO LA TEORÍA DEL BIG BANG (Parte 2 de 5)

MÁS HISTORIA, PESANDO ÁTOMOS: FRANCIS ASTON

Francis Aston era un alumno aventajado de Rutherford muy entusiasta y aficionado en 1909 a los deportes de montaña, particularmente los de riesgo. La aventura, el esquí, el motociclismo y el surf en Hawai llenaban todas sus ansias de libertad y pensamiento, sin embargo, en cuanto conoció a su maestro en física, la llamada del laboratorio resulto mucho más fuerte que la de las olas y el humo de neumáticos quemados.

No se le escapó que el estudio de los núcleos atómicos, y en particular de la radiactividad, podía ser un deporte de riesgo y aventura mucho mayor que ningún otro, y pronto se enfrascó en los laboratorios de Cambridge hasta que inventó el primer espectrógrafo de masas atómicas, fue el primero en pesar los átomos individualmente. Este aparato aún se conserva en el laboratorio de Cavendish.

Se ponía una sustancia en un tubo de vidrio y sus átomos, salían disparados atravesando cargas eléctricas. Estos átomos eran cargados al atravesar un campo magnético y luego se desviaban de diferentes maneras en función de su masa, para estrellarse contra una lámina fotográfica donde se formaban unas líneas que determinaban diferentes pesos atómicos, es decir, cada tipo de átomo dejaba su huella identificativa en la fotografía. Cada línea suponía un peso atómico y Aston podía interpretar la composición de la sustancia con gran precisión. Esto ocurría después de la primera guerra mundial.

Sin embargo, el problema fundamental del modelo atómico de Rutherford seguía en pie y aún más desafiante debido a las masas atómicas. A excepción del hidrógeno todos los demás elementos pesaban ostensiblemente más que lo que se les suponía en función de la unidad estándar de masa atómica, que es la del hidrógeno. Pesaban justo el doble. Por ejemplo el helio, que debería pesar como dos hidrógenos, pesaba como cuatro. El litio, que debería pesar como tres hidrógenos pesaba seis. Y así todos los demás.

Debía haber algo más en los núcleos compuestos que explicara no sólo la diferencia entre los pesos teóricos y los experimentales, sino también la evidente no repulsión de las partículas de la misma carga.

Esta vez la respuesta no vino por vía iluminativa, sino más bien purgativa. Rutherford tardó doce años en encontrar la solución a este dilema. Como jefe del prestigioso Laboratorio de Física de Cavendish en Cambridge utilizó todos sus recursos, estrategias y presiones sobre sus alumnos y colaboradores para que exprimieran sus neuronas hasta dar con una explicación coherente y convincente.


DESCUBRIENDO EL NEUTRÓN: JAMES CHADWICK

Así, James Chadwick un muchacho del norte del UK de origen humilde revolucionó la física nuclear descubriendo el ingrediente que faltaba. Construyó en 1932 el primer acelerador de partículas, un aparato increíblemente sencillo y compacto, literalmente de bolsillo.

Colocó una fuente radiactiva en un extremo del tubo de plomo, en el medio colocó un material con la intención de que fuera golpeado por las partículas radiactivas, y en el otro extremo aparecían los núcleos de esa sustancia hechos añicos, es decir, otra sustancia diferente, y entre los restos, aquellas partículas que andaban buscando.

Estas partículas tenían un peso idéntico a los protones pero no se habían podido detectar porque eran insensibles a los campos magnéticos, es decir, no tenían carga, eran técnicamente neutros, por lo que les denominaron “neutrones”.

El problema de los pesos atómicos quedó resuelto de inmediato. El helio, con sus dos protones, pesaba como cuatro hidrógenos debido a los dos neutrones que, completaban su núcleo. Además, los neutrones serían responsables de la estabilidad de todos los núcleos atómicos ya que actuaban, por así decirlo, como una capa de velcro envolviendo a dos imanes, los cuales aunque se los aproximara por los polos, del mismo signo, en cuanto entraran en contacto, vencerían la repulsión magnética y permanecerían unidos siendo mayor la fuerza de atracción, llamada "nuclear fuerte", que la fuerza de repulsión electromagnética.

De esa manera los ocho protones del oxígeno permanecían estables debido a las uniones que les procuraban sus respectivos ocho neutrones, resultando un peso total de 16 hidrógenos, tal y como se observaba experimentalmente. La humanidad quedaba alegremente atónita y los cuervos tocaban la pandereta ideando la forma de encajar el descubrimiento en su cosmogonía judeo-cristiana.

Los científicos anunciaban en 1932 la composición de cualquier átomo del universo como un juego de tres tipos de partículas elementales: el electrón, el protón y el neutrón. Algunos mecenas de la física ya acariciaban la idea de un arma disuasoria mediante la técnica de la destrucción masiva.

¿Recuerdan la canción del mundial de fútbol de Alemania en el que aparecía la selección española con el entrenador "malas pulgas" cantando aquello de “a por ellos oeee...”? Pues en la navidad de 1932 los físicos del Instituto Niels Bohr en Copenhague hicieron un musical igual de patético, para celebrar el descubrimiento de la “santísima trinidad nuclear”. De veras, no es vacile.

Los inmovilistas arrimados a la ciencia, llevaban 20 años atormentando a Rutherford con que bajo sus reglas de la física los núcleos atómicos debían auto-destruirse al instante, sin embargo ahora comenzaban a callarse al tiempo que saboreaban un poco más las posibles y tenebrosas aplicaciones del nuevo modelo propuesto. Se abría un campo nuevo de investigación: la física nuclear ¿es una fuente inagotable de energía o el principio del fin?


NUEVA MANIFESTACIÓN DIVINA: LA FUERZA NUCLEAR FUERTE

Hasta el momento se conocían en la naturaleza dos únicas fuerzas universales: la gravedad y el electromagnetismo. Pero ahora había aparecido una tercera fuerza, totalmente nueva, la cual mantiene fuertemente unidos los núcleos atómicos, el velcro de la naturaleza íntima de las cosas, la fuerza nuclear fuerte.

Se cree que es la fuerza más poderosa del universo, más de un billón de billones de billones de veces más fuerte que la gravedad.

Aquellos que habían contado los átomos que hay en el universo afirman que "si un hombre fuera atraído por la fuerza nuclear fuerte en vez de por la gravedad pesaría más que toda la galaxia".

Una galaxia pesa un uno con muchos ceros según éstos, cualquiera les lleva la contraria... tendríamos que demostrarlo. Y nos terminan diciendo que estamos a salvo porque esta fuerza sólo actúa a una distancia de una milbillonésima parte de un milímetro. Que se lo digan a los hiroshimenses.

Nota: obsérvese que actualmente el único fundamente razonable que se esgrime para afirmar tanto la existencia de dios como la teoría del big bang es "demuestren lo contrario", no obstante hemos avanzado algo, hace bien poco se razonaba por la hoguera.

Dejando a un lado a los que tienen respuestas para todo, lo que nos interesa es que la humanidad, o una pequeña parte de ella, advirtió en los años 30 que la estabilidad nuclear se debe al equilibrio entre la fuerza nuclear fuerte que mantiene juntos a los protones y neutrones, y la carga eléctrica de los protones que tiende a separarlos.


¿PORQUÉ BRILLA EL SOL?

Esta pregunta es interesante. Fíjense si lo es, que ya se la hacían los primeros primates, y también las amebas, con decir que todas las religiones del mundo tuvieron un fundamento solar...

La luz solar es la fuente de todas las formas de vida de la Tierra, pero ¿cómo se genera?

Casi toda esta estrella es hidrógeno. Bueno, hidrógeno, helio y algo intermedio entre ambos elementos. Ese algo está liberando energía en forma de luz y calor en su transmutación o fusión nuclear.

Los libros de texto nos cuentan a muy tierna edad que dos átomos de hidrógeno se fusionan en el corazón de las estrellas como el sol, para formar un átomo de helio, y que en el proceso se liberan ingentes cantidades de energía, la luz y el calor que llegan hasta nosotros. Pero, y supongo que será una pregunta de primero ¿de dónde salen los protones que faltan en esta sublime ecuación?

Mi propuesta de respuesta a esta pregunta es, que la ecuación es 4H = 1He + E (cuatro hidrógenos igual a un helio más energía). Al fusionarse los cuatro hidrógenos debido a las altísimos condiciones de presión y temperatura que se dan en las estrellas, dos de los protones (sólo es mi opinión) adquieren la naturaleza de neutrones para poder estabilizar el nuevo núcleo más pesado. De lo contrario, tendrían que darse simultáneamente dos reacciones, una de fisión de otros núcleos que originara el aporte de neutrones a la reacción de fusión propiamente dicha, que también considero muy posible. Tal vez la fisión de grandes núcleos actúe como catalizador de fusiones de los núcleos más pequeños, me parece perfectamente factible.

Pero tengo más objeciones.

Se sugiere que una estrella como el sol es prácticamente hidrógeno y helio, pero yo creo que eso no sea así. Creo que eso sólo es lo que vemos, la superficie.

La estrella ha de tener más o menos la misma composición que la composición media de los planetas que orbitan en torno suyo, sólo que en mucha mayor cantidad y por tanto mucho más comprimida, resultando en total un conjunto en completa ebullición donde en la superficie se fusionan los elementos más ligeros y en el interior los más pesados.

De esta manera, en el interior del sol se golpean frenéticamente los núcleos más pesados en un juego simultáneo de fisión y fusión que busca la estabilidad mediante el aligeramiento de su masa total por medio de la emisión de energía, la famosa fórmula de Einstein E = mCC.

Sería interesante comprobar cómo un protón de hidrógeno se convierte en un neutrón de helio, pues sería un primer paso para la obtención de antimateria, y una vez obtenida la antimateria de forma estable, tendríamos como consecuencia la tan ansiada antigravedad, cuyas aplicaciones serían inmensas.

Piensen que un avión cuya carcasa fuera de antimateria, habría que cargarlo bien para que no fuera repelido por la tierra, y para alcanzar velocidades próximas a la luz tan sólo tendría que aproximarse a una estrella y sería repelida hacia el espacio por la mayor de las rampas imaginables.

Las aceleraciones que se podrían soportar sin estar afectado por el campo gravitatorio serían imposibles de describir, por ejemplo, de 0 a 10.000 km/h en un segundo...

No está mal, aunque ya sé, se dice que la antimateria se auto-destruiría al instante al entrar en contacto con materia ¿de qué me suena eso? Ah, sí... también decían eso del primer modelo de Rutherford, ha de ser indicio de verosimilitud, además ¿desde cuándo nos importa el qué dirán?

Lo que sí que ha de ser formidable, por desgracia, es una explosión de antimateria.


MÁS HISTORIA: Y EN VEZ DE FUSIÓN FRÍA... GUERRA FRÍA.

Pero a finales de los años treinta, la física nuclear llevó a una carrera frenética por arrojar el primero a algún enemigo un artefacto que desencadenara una fisión nuclear acelerada, el uranio no era problema, siendo muy escaso hay para volar el planeta muchas veces, el problema era el detonador.

La humanidad, que podría haber conocido el sueño de Nikola Tesla de conseguir energía gratis para cubrir todas las necesidades del planeta, y además inalámbrica, y que ninguno de nosotros hubiera visto nunca una factura de electricidad, lo que vio fue un experimento que hace sudar terror, y en vez de una fusión con fines humanitarios y ecológicos, y luego con un poco más de esfuerzo en investigación, la fusión fría, en vez de eso tenemos tecnología para provocar una pequeña erupción solar aquí en la Tierra.

Y todo empezó con el estudio de los humildes neutrones. El neutrón es un sigiloso bombardero de átomos que los atraviesa sin ser detectado debido a que no poseen carga, sin embargo son tan sólidos y pesados que cuando chocan fortuitamente con un núcleo lo rompen en pedazos como cuando se empieza una partida de billar, donde la bola blanca sería el neutrón que impacta sobre las restantes quince bolas, unidas y apretadas formando un núcleo, por ejemplo, de oxígeno.

En la mayoría de elementos de la tabla periódica, los más abundantes en la naturaleza, que son precisamente los más ligeros, al ser pequeños sus núcleos es difícil impactarlos, y cuando se logra el impacto apenas tiene consecuencias energéticas pues el neutrón, bien sale rebotado, o bien queda atrapado en el núcleo y otro protón es desplazado sin colisionar con mayores consecuencias que las típicas lesiones en la piel, órganos internos, ceguera y muerte, pero ese es el menor de los males que puede causar (estoy siendo irónico), de hecho es lo que se busca.

Cuando se bombardean con neutrones núcleos de elementos muy pesados, afortunadamente los más escasos en la naturaleza, la probabilidad de impacto es mucho mayor, y cuando éste se produce los núcleos se parten por su parte más débil, pues cada núcleo tiene, por así decirlo una brecha de fractura, dando lugar a dos núcleos del mismo elemento si la brecha es simétrica, o a dos elementos distintos si la fractura deja a un lado más protones que en otro lado.

Lo que más sucede es que las fracturas se producen por los laterales del núcleo rompiendo los enlaces más débiles que son los más exteriores, dejando partículas de hidrógeno separadas del nuevo elemento, lo que precisamente observaba Rutherford en su laboratorio.

El hidrógeno queda libre, pero ¿qué pasa con el neutrón que le sostenía al gran núcleo? Que queda suelto a gran velocidad para chocar contra otro núcleo grande, es decir, se produce la reacción en cadena, y la energía que se libera es tan inmensa que, si se desencadena en un objeto grande, hecho de algún elemento pesado como el francio(87), el radio(88), el actinio(89), el torio(90), el protactinio(91) o el uranio(92), podría hacer saltar por los aires a una gran ciudad entera, y los neutrones seguir rebotando durante muchas décadas matando silenciosa e indiscriminadamente a todo ser vivo.

Del entusiasmo se pasó a las apuestas y pronto los países más capitalistas se lanzaron a la carrera de a ver quien construía antes el aparato que acojonara a toda la humanidad, como en esas pelis donde el malo sueña con dominar el mundo, sólo que al malo en este caso lo votaban millones de ciudadanos. Y había muchos malos, casi uno por cada país desarrollado. Salvo en España, pues en aquel tiempo aparte del subdesarrollo implantado a golpe de fusil, teníamos un malo que no necesitaba de ciencia ninguna para practicar el genocidio.

Pero en el resto de Europa los laboratorios fueron invadidos por el entusiasmo hacia la física nuclear, se sospechaba que esta colisión de neutrones contra los núcleos de la tabla periódica más pesados sería espectacular. El santo grial de la física moderna resultaría mucho más peligroso de lo esperado.

En un laboratorio del Instituto Kaiser Wilhelm de Berlín, un químico llamado Otto Hahn disparó por primera vez neutrones contra el elemento más pesado de la tabla periódica, el uranio.

Otto hahn pretendía analizar químicamente los elementos generados por las colisiones de neutrones.

Esperaba encontrar algo pesado y parecido al uranio que estaba bombardeando, algo como el radio(88), sin embargo encontraba bario (56), y no lograba encontrar una explicación.

Era de los que cuando no hay respuesta, pues no hay respuesta, y al que no le guste que se dedique a sus asuntos.

Hahn recurrió a una antigua asistente que tuvo, la física Lise Meitner. Pero ella no se encontraba ya en Alemania pues era judía y el partido nazi había sido el más votado.(caray con la democracia).

Así que Hahn le envió sus experimentos a Suecia, donde se encontraba con otro físico nuclear que era además su sobrino y también judío, Otto Robert Frisch, el científico que desarrolló el primer mecanismo de detonación de una bomba atómica, en 1940.

En cuanto recibieron la carta de Hahn en 1938 se dieron cuenta de que el núcleo de uranio se partía en mitades iguales y que la reacción consiguiente era extremadamente potente, la que mayor fuerza nuclear fuerte se podía liberar.

Volviendo a las felices comparaciones de algunos físicos que tanto gustan en las revistas científicas, la energía que libera un sólo núcleo de uranio al desintegrarse en dos, sería suficiente para mover un grano de arena.

Antes de echarnos a reír haremos el siguiente cálculo: si un grano de arena contiene billones de billones de átomos, sería como si lanzásemos un balón de fútbol a la luna y éste la sacara de su órbita.

Inmediatamente de conocerse su descubrimiento estalla la segunda guerra mundial (qué casualidad).

Los científicos aliados se pusieron a investigar la manera de implementar la bomba atómica.

El estadounidense Robert Oppenheimer sería el director del macabro proyecto Manhattan en el Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Nuevo México USA.

Hiroshima y Nagasaki serían en 1945 sus campos de pruebas.