
Todos los años en las costas japonesas se asesinan impunemente y de forma oficial 30.000 individuos delfín, extraoficialmente todos los que puedan, las cifras son incalculables pero son han de ser escalofriantes a tenor de la forma en que tratan de ocultar el dicho holocausto criminal.

En este caso, los muchachos que desean demostrar su hombría se sitúan a pie de playa para clavar sus arpones sobre indefensos delfines mientra alguien hace recuento de la masacre, cuántos más delfines queden muertos a cuenta del aspirante a "hombre" más "hombre" se le considera y más hembras pondrán sus ojos celestes sobre ellos, matemática sencilla "Hombre" = "Bestia".
Hace algún tiempo, no mucho, me consideraba abiertamente humanista y me enternecían lecturas como Rousseau y otros filósofos que creían en la humanidad, en la naturaleza humana.
Al día de hoy, tras un profundo balance de los actos del ser humano en todos los niveles debo reconocer con pena y dolor que somos bestias, decirnos animales sería insultar y menospreciar a las especies que han tenido la desgracia de cruzarse con nosotros.


Tenemos tecnología de sobra para cambiar de paradigma energético y evitar el desmantelamiento de los biosistemas, la desforestación y el deshielo total de los polos que a este ritmo se producirá en menos de 25 años, y con el cambio de paradigma energético tenemos la posibilidad de ofrecer trabajo sostenible para toda la población mundial incluidad la de los países indesarrollables (ya no digo subdesarrollados porque los subdesarrollados no son los países sino sus gobernantes), pero no nos da la gana y quieren saber porqué, porque somos bestias, bestias asesinas y bestias de carga, pero sólo bestias, tan bestias que nos tenemos por inteligentes, todo nos da igual con tal de tener nuestro plato de forraje cada día, tan bestias que el forraje también somos nosotros mismos, pronto publicaremos un reportaje acerca del canibalismo actual, se sorprenderán.

Es espeluznante el paisaje que dejan las matanzas de ballenas, las cuales llegamos a enterarnos de que se han producido sólo porque una aeronave ha detectado en la costa la inconfundible mancha roja del genocidio. No tiene otro nombre esta masacre, pues es así como se define la acción determinada a poner fin a una especie, porque mientras aquí nos rompemos los cuernos para salvar, por ejemplo, al lince u otra especie en peligro inminente y evidente, algo que por otra parte es muy necesario, no digo que esté mal (el universo me libre), hay y países decididos a exterminar por todos los medios y como sea a todos los cetáceos en general, y al delfín, en particular, tan sólo por ser competidores por la pesca en la escala biotrófica.

No nos engañemos, los ecosistemas se equilibran sólos, se equilibran en cuanto dejamos de explotarlos, los delfines ni ningún cetáceo acaban con ninguna especie, somos nostros, y sólo nosotros las bestias insaciables que acabaremos incluso con nosotros mismos, y lo haremos, como de costumbre, abalados por los organismos internacionales.

A fuego lento